¿Quieres sangre? Tarantino te da tres tazas

¿Quieres asistir a una clase magistral de cine? Compra una entrada para ver Django. Casi tres horas de espectáculo, de diálogos vulgares y brillantes, de auténtico homenaje al Spaghetti Western, de interpretaciones excepcionales; En definitiva de CINE con mayúsculas y en estado puro.

django

¿Parece entusiasta? Lo es. Y mucho. Porque después de haber trabajado todo el día y de llevar 12 horas fuera de casa no es fácil sentarse en una butaca y prestar atención durante 160 minutos. Y no solo eso, sino que conseguir que el ánimo aumente al mismo tiempo que la intensidad de la cinta, parece casi imposible. Pero este demente, Tarantino, lo hace posible y además lo hace subiendo otro peldaño en la escalera de la genialidad.

Porque si en Malditos Bastardos (2009) representó su peculiar visión de uno de los episodios más sangrientos de la historia reciente, en Django deja claro que la emancipación de la esclavitud y la historia del siglo XIX en los Estados Unidos también se escribieron con sangre. Y con sangre filma él cada secuencia de la película, convirtiendo el sadismo en un arte repulsivo con escenas que incomodan, pero de las que no se puede apartar la mirada. No sé cómo se sentían los espectadores en los estrenos de Peckinpah, imagino que escandalizados al tiempo que fascinados. Ahora nadie se escandalizaría viendo una secuencia como las que Tarantino nos regala, pero la fascinación que ejerce en las salas es abrumadora. Las salpicaduras de sangre como un fresco pintado en la pared. Eso es Django.

El baño rojo que mancha el algodón blanco, la hoja de un libro en el pecho de un paleto, el clavel en la solapa de Leonardo Di Caprio… Igual que los elementos más puros se tiñen de color carmesí, se mancharon las manos de los blancos con la sangre de los negros. Mensaje directo y conciso en una narración basada en la sed de venganza y la necesidad de redención.  Destruir para construir, matar con un objetivo: El amor (ya sea hacia una esposa o por el dinero) y en el fondo parecen motivos suficientes para convertirse en el leit motiv que justifique tanta barbarie.

Sobran motivos para ver la película, pero uno de ellos sin duda es la interpretación (una vez más impecable) de Christoph Waltz. Si en Malditos Bastardos  (2009) fue todo un descubrimiento, en Django vuelve a demostrar que es uno de los grandes. La pareja (necesaria en todo Western que se precie) la forma junto a Jamie Foxx que borda su papel de Django y son un dúo cómico, tierno, peculiar y letal. El maestro que acoge al alumno, el pupilo que supera al maestro.

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Pero no voy a entrar a valorar más a los actores, porque merecerán un post aparte. Y esto es una entrada par alabar (gratuitamente o no) a uno de los directores de cine que más homenajea a los grandes lo cual, dicho sea de paso, le hace aún más grande.

Es la magia de Tarantino….

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