Archivos Mensuales: marzo 2013

Bela Lugosi y el terror naive.

Bela Lugosi y el terror naive.

Ayer tuve un encuentro con Bela Lugosi. Decidí comprar un Ben&Jerry´s de chocolate y ver El fantasma invisible (1941) de Joseph H. Lewis.

Cuenta la historia de unos misteriosos asesinatos que tienen lugar en la mansión de un hombre muy influyente, que perdió la cabeza cuando su mujer se escapó con otro hombre. Él espera que regrese y la ve a través de la ventana algunas veces, entonces entra en un proceso de demencia que le impulsa a estrangular a cualquiera que se encuentre. Debido a una serie de desdichadas casualidades,  el novio de la hija del rico es declarado culpable de los asesinatos cometidos en la casa. Sin embargo, una vez ejecutado, continua habiendo crímenes.

Es una trama sin solidez que se pierde en numerosos agujeros negros. El guión tiene carencias y las reacciones de los protagonistas no tienen ninguna credibilidad. Tampoco hay verdadera intriga porque el misterio está resuelto desde el principio y, viendo la cinta, se le ocurren a uno mil maneras de haber creado suspense. Sobre todo eliminando secuencias que solo aportan confusión en 60 minutos de largo, o bien extendiendo la duración de la película para no dejar cojeando las motivaciones de los personajes.

Pero, a pesar de todo, es imposible no disfrutar viéndola. Bela Lugosi está magnífico, como siempre. Su mirada, la luz incidiendo siempre en esos ojos demenciales, dejando en penumbra el resto de su rostro. Sus manos, no ha vuelto a haber otras manos como las de Bela Lugosi.
Y, por encima de todo, la sensación de ver películas que dieron pavor en su día y que ahora inspiran algo de ternura. Fijarse en cada detalle estudiado para provocar miedo, secuencias creadas con mucha imaginación y pocos recursos. Poco más que la iluminación, la música y la interpretación de los actores. Muertes siempre fuera de plano, que, incluso hoy, son más efectivas que la evidencia de la sangre y la agonía de la víctima en primer plano.

Para pasar miedo hay un abanico amplísimo de películas buenas, malas y peores. Pero merece la pena (y mucho) apuntarse de vez cuando al terror naive. Y hacerse el ingenuo y dejarse envolver por la magia del verdadero cine, el de otra época que, incluso siendo mala, parece que fue mejor.

Escenas míticas de la historia del cine. Parte I.

Escenas míticas de la historia del cine. Parte I.

Este es el fotograma del momento exacto en el que, por primera vez, un plano recogía tan cerca el rostro de un monstruo. El impacto fue total, algunos espectadores huyeron de las salas de cine. La impresión que provocó la cara desfigurada de Lon Chaney (el genio del cine mudo que se maquillaba él mismo) en El Fantasma de la Ópera (1925) fue tan grande, que hizo historia. El director Rupert Julian consiguió el efecto que buscaba, pero no imaginaba que se estudiaría muchos años después en las facultades de cine de todo el mundo.
Ayer vi la cinta de nuevo y me fascinó como el primer día la ingenuidad del público de los años 20. Cómo evoluciona la capacidad de sorpresa, cuánto cuesta hoy en día causar verdadero pavor en una sociedad acostumbrada y habituada a presenciar el horror tan de cerca. Pero también recuerdo lo que sentí cuando vi El Fantasma de la Ópera por primera vez y lo muchísimo que me costó dormir, tenía ocho o nueve años y entonces aquel ser atormentado no tenía para mí nada de ingenuo ni de cómico.

La historia me fascinó tanto que leí el libro siendo adolescente y la obra de Gaston Lerroux sigue siendo una de mis novelas preferidas. Pero el fantasma de Lerroux no era un monstruo, sino un ser frágil, atormentado. Un loco enamorado. Otra forma de empatizar con el público y de conseguir que una obra se convierta en inmortal y atemporal.

Me gustaría volver a ver la película con los ojos de una niña de ocho años, o con los de una mujer de 1925. Y leer el libro como si fuera la primera vez.
¿No sería maravilloso conseguir efectos tan tremendos sobre el público? ¿No sería increíble observar de nuevo con la mirada de un niño?

La náusea compartida

Acabo de ver un vídeo viral sobre la crisis. Lo ha llevado a cabo el Partido Popular. Eso sí, el vídeo es magnífico (lo ha hecho un buen amigo mío). Pero el mensaje tiene credibilidad cero, termina hablando Cospedal para lanzar la frase o hastag: “Juntos salimos”.

Entonces empiezo a observar a mi alrededor y a pensar en las cosas que he hecho durante el último mes. Trabajo sí. Soy una de las pocas personas menores de 30 años que, teniendo una carrera, ha encontrado un empleo relacionado con su profesión en España. Afortunada, claro. Asqueada por la situación penosa que atraviesa este país, también.

Entonces se me ocurre que de todo esto quizá salga algo bueno, me gustaría que dentro de 20 años se pudiera hablar de una “Nueva ola” creativa que ha surgido de la indignación general, del desánimo colectivo, de la creatividad de tantos jóvenes con tanta preparación y tan escasos recursos. Que esos tantos han cogido una cámara, un teclado, una guitarra, una aguja o un pincel y han dado rienda suelta a la Náusea que agita a mi generación. Es complicado sacar conclusiones cuando se está en el epicentro de la convulsión, hay que dejar pasar los años para mirar en retrospectiva. Pero me he propuesto estudiar con atención (no soy la única y seguro que otros lo harán con más talento) y lanzar hipótesis a ver si cuando sea mayor me puedo dar la satisfacción de haber sido consciente (y de haberme hecho presente) mientras todo ocurría. Mi regreso al futuro particular y peculiar.

Volviendo al último mes que, aunque no lo parezca, está relacionado con la mierda excelente que nos estamos tragando. Productos culturales más relevantes que he consumido:

Lectura de La conjura de los necios de Jonh Kennedy Toole. Magnífica, me he dado cuenta de que conozco a muchísimos Ignatius O´Reilly. Me asusta y me complace al mismo tiempo.

Obra de teatro La Odisea, de “El Brujo”. Espectacular, la musicalidad de los versos enlazados con discursos ácidos e irónicos de la situación actual del país. Solo un actor de su talla puede hacerlo sin despertar animadversión entre los llamados “culturetas” que lejos de criticar aplaudían con todo el entusiasmo del mundo (ojo un cultureta no aplaude cualquier cosa, solo mierda de calidad).

Visita al museo Reina Sofía. Gratis, muy recomendable en los tiempos que corren y auténticamente embobada contemplando “El Gernika”. No sé mucho sobre arte ni sobre el cubismo, pero lo que se puede ver, lo que no se puede ver, lo que se insinúa y lo evidente, las dimensiones, los colores me dejaron clavada frente al cuadro mucho tiempo. Los horrores de la guerra, me fascinan. (Una vez más una situación de conflicto dando lugar a obras de arte inmensas e inmortales).

Cine “El lado bueno de las cosas”. Historia cruda contada de forma amable, hilarante, con final feliz y travelling alrededor de un beso (previa carrera para evitar que la amada se marche) como en las mejores películas antiguas. Salí contenta de la sala, reí durante la proyección y me gustó porque fui sin ninguna expectativa ni idea preconcebida.

Película “Al final de la escapada”. Por enésima vez enamorarme de Belmondo y encontrarle atractivo (el feo más guapo del cine). La forma más sexy de fumar, las miradas con Jean Seberg, la traición final. Una obra genial que surgió de la necesidad de ruptura con el canon establecido. Con un par de huevos. Bravo.

Jean-Paul Belmondo and Jean Seberg in BREATHLESS (1959)

Así que estoy deseando llegar a esa retrospectiva dentro de 20 años para ver qué sucedió, ahora que es ahora, con todo el talento falto de recursos y todo el pesimismo y la rabia contenidos. Hagámonos conscientes de lo que ya empieza a moverse, de esos genios que lo serán quizá después de muertos (que le pregunten a Toole o a Bolaño, cuya obra desgranaré no tardando mucho sin más pretensión que la de halagarle porque me gusta y además está enterrado). Pero no lo interpreten como las cavilaciones de una “gafapasta”, porque estos suelen caerme mal y no nos olvidemos de que hago algo que jamás haría un gafapasta: Ahorrar para comprar un Delorean (maqueta por supuesto) y defender los finales con beso bajo la lluvia filmados en travelling circular. Le voy a proponer a mi amigo esto último para que se lo comente a Cospedal, igual le permiten hacer un final alternativo para el “Juntos salimos”.