Archivos Mensuales: abril 2013

Crítica destructiva y desenamoramientos

Algunas novelas te permiten atisbar detrás de una ventana, de una puerta entreabierta o a través de un calidoscopio que despliega un abanico heterogéneo y muy enriquecedor para explicar una misma realidad (o muchas a veces). Lo cierto es que un solo acontecimiento nuca será aislado ni plano, sino que tendrá múltiples interpretaciones y descripciones y se convertirá en un recuerdo distinto para cada persona que lo haya presenciado.

Por eso el enredo narrativo y los saltos temporales de las novelas de Bolaño son un valor añadido a una realidad que no es individual, sino que son muchas. Una historia que nunca es solo una y unos personajes que se suceden y alimentan de otros personajes, de otras novelas. Y así el universo Bolaño se convierte en muchos universos, un poco “cortazarianos” otro poco “borgianos” pero sin sobrepasar nunca el límite de la admiración e influencia que ejercen en su obra, completamente original.

Así que, después de leer Los sinsabores del verdadero policía y Los detectives salvajes consecutivamente, intenté salir de las corrientes circulares del chileno y decidí darle una oportunidad a Javier Marías y a sus Enamoramientos y no sé si es que aún estoy atrapada por la lectura serena en la que no sobra ni una palabra  de Roberto Bolaño, pero en el libro de Marías muchas (demasiadas) palabras se me antojan de más.

No comprendo por qué ha tenido tanto éxito una narración tan simple, repetitiva y plana. Una historia de fondo manida con disertaciones pseudofilosóficas, pseudoantropológicas y pseudoliterarias. Se queda en eso, en pseudo.

Es inevitable comparar ambas lecturas, más aun cuando han sido consecutivas. La auténtica falta de originalidad de Los enamoramientos, plagado de lugares comunes, y las pretensiones de cada página son absolutamente infumables. Y encima me las he fumado.

No caeré en otra…(O tal vez sí y la pondré verde aprovechándome de la democracia que ofrece Internet). Sin ánimo de menospreciar a un escritor que como columnista y articulista tiene un gran talento, lo cortés no quita lo valiente.

Usar y tirar

Usar y tirar.

En los tiempos que corren en muy complicado disfrutar de forma serena. Todo pasa muy deprisa, escuchar y olvidar, mirar sin ver, usar y tirar. Cine, literatura, música, televisión, ropa, comida, relaciones.
Comemos en restaurantes diseñados para que tardemos el menor tiempo posible y dejemos los asientos libres para los siguientes comensales. Evaporando el placer de una buena sobremesa, renunciamos a la calidad para ganar rapidez. Qué estúpidos somos, ¿verdad?

Las películas más taquilleras están montadas en una sucesión de planos sintéticos, veloces, golpes de efecto que enmascaran guiones carentes de profundidad, tramas incompletas o evidentes, sin sentido.

Los libros más vendidos son los que cuentan historias en las que ocurren cosas constantemente, verosímiles o no, en detrimento de una historia bien construida y de personajes con una psicología perfilada para que el lector comprenda sus motivaciones. Se deja de lado lo más importante, la construcción del pensamiento, de ideas nuevas, de historias que hacen reflexionar.

Se puede disfrutar de lecturas serenas, de la belleza concebida para permanecer, de discursos audiovisuales para recordar (al margen de las palomitas). Porque la velocidad no tiene nada de malo, pero en exceso nubla los sentidos y provoca la pérdida de visión.
Y en esas estamos, perdiendo perspectiva un poquito más cada día.