¨Laurence anyways¨: Vibración y desidia

Ayer entré en el cine sin saber qué iba a ver exactamente y me encontré un torbellino audiovisual y una expresividad narrativa extraordinaria. Pero también con 160 minutos de metraje de los que 60 son más que prescindibles.

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El largo (larguísimo) lo firma el canadiense Xavier Dolan. Un director, productor y actor que solo tiene 24 años y que ya no es un cineasta en potencia, sino uno de los realizadores más originales y controvertidos de Norteamérica y probablemente del panorama cinematográfico mundial (carente ahora mismo de lo que le sobra a Dolan). Tiene en su filmografía tres películas, todas premiadas aquí y allá, todas alabadas por la crítica y, aunque no siempre hayan sido entendidas, ninguna de ellas ha dejado indiferente al público.

Laurence anyways configura una atmósfera envolvente desde el primer minuto, pero es tan disfuncional como la pareja protagonista. La limpieza y la calidad de cada uno de los planos es irreprochable, igual que las actuaciones de los personajes que hilvanan la historia, merecedoras de halago sin duda. Pero la juventud de Dolan tenía que hacerse presente en algún momento y se nota en la injustificada duración de la película. La trama se podía haber resuelto en las dos primeras horas de reproducción, incluso menos, y el resultado hubiese sido el de una cinta que podríamos ver una y otra vez leyendo entre líneas y escuchando lo que no se dice. Pero peca de grandilocuencia alargando su obra en exceso, provocando exasperación  (al menos en mi caso) en los minutos finales.

La trama central es una locura de amor (en la que él, heterosexual, quiere convertirse en mujer pero seguir junto a su novia porque están profundamente enamorados) y tanto la planificación como el montaje acompañan la sensación de vitalidad, fervor, caos, confusión, rabia, miedo y pasión que transmiten los personajes. La transformación física de Laurence (Melvil Poupaud) evoluciona al ritmo de la relación con Fred (Suzanne Clement). Hay secuencias que, en sí mismas, constituyen una historia independiente con principio y final. Perfectas en forma y fondo, en las que planos, música, diálogo y puesta en escena forman una simbiosis total.

En algunos momentos, lo que veía en la pantalla me recordaba al Kubrick de los 70. La música (perfectamente escogida), es un personaje más que adquiere un protagonismo absoluto en muchas escenas, en las que el tiempo parece detenerse en ambientes  esperpénticos u oníricos dependiendo del momento.

Aquí el fotograma de una de mis preferidas:Imagen

 

 

 

 

Una auténtica lástima que sobren tantos minutos, es el único reproche que puedo hacerle a Dolan. Eso sí, deja imágenes, canciones y citas memorables, una película de sensaciones. Por mi parte tiene un 7,5. Casi notable alto.

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