Archivos Mensuales: septiembre 2013

¿Devolver la dignidad al erotismo?

Para el próximo año está previsto el estreno de la adaptación cinematográfica del betsellerCincuenta Sombras de Grey”, la novela erótica que ha revolucionado a medio mundo.

El planteamiento de partida de esta novela es tremendamente machista, aunque su éxito ha sido fulgurante entre el público femenino. Lo cierto es que la novela erótica siempre ha mantenido una buena posición comercial, pero nunca se había llevado a cabo una campaña de márketing tan demoledora para atraer a un target tan específico. Esto es lo que hace de “50 Sombras de Grey” un producto absolutamente novedoso (que no transgresor): La inversión en publicidad, una apuesta que ha resultado ganadora, a pesar de que este superventas no se diferencia mucho de otros títulos del mismo género.

Este libro no es más que otra narración mediocre cuya finalidad es excitar a las mujeres. Se puede pronosticar que la adaptación al cine será un taquillazo porque, tratándose de un producto audiovisual, el abanico de público al que llegará será muchísimo más amplio (y de sobra sabemos que el morbo vende). Lo que sí sería sorprendente es que la película tuviese la calidad suficiente como para poder catalogarla de film erótico con clase.

¿Por qué la pornografía y lo erótico se encuadran en un ámbito tan vulgar? Es necesario recordar que no siempre fue así, que antes de que el cinematógrafo se popularizase, las novelas y fotografías primero y las secuencias de contenido sexual después, estaban en manos de los miembros de las élites sociales. Circulaban entre hombres de alta alcurnia y se alejaban mucho de lo que hoy se conoce por mal gusto. Incluso se encontraron archivos exclusivamente pornográficos pertenecientes a varios reyes.

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Pero con la popularización del cinematógrafo empezaron a comercializarse películas de contenido sexual a sabiendas de que otorgarían muchos beneficios y atraerían a las salas de cine a toda clase de hombres. En aquel momento las imágenes eróticas comenzaron a ser accesibles para la clase obrera, trayendo consigo una parte positiva: la posibilidad de cualquiera para acceder a estas películas. Pero también derivó en rodajes precipitados y simplistas y por tanto, a la merma progresiva de su calidad y su demonización por parte de las élites que, una vez más, hicieron gala de su moral hipócrita. No iban a permitir que se divulgara con facilidad aquello que antes les pertenecía solo a ellos.

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Estos fueron los albores del cine erótico, que más tarde derivaría en productos pornográficos de pésimo gusto. La industria del porno movió una cantidad desorbitada de dinero pero ha caído en desgracia con Internet. Por eso “50 Sombras de Grey” devolverá al género erótico un cierto estatus que Internet le había robado (por lo menos se proyectará en los cines de medio mundo en los que la censura no haga estragos), pero dudo mucho que sean capaces de hacer un producto con la calidad suficiente como para devolverle la dignidad. Claro que es muy complicado hacer una buena película a partir de una novela tan mala…Ojalá me equivoque.

Nuestros años 50 no fueron de Hollywood.

A modo de anécdota y también para evidenciar el abismo que nos separa de países como USA, (aunque nos empeñemos en imitar e importar sus costumbres), quiero darle protagonismo a La Laguna Negra (1952), una película de Arturo Ruiz Castillo. Se basa en la Leyenda de Alvargonzález de Antonio Machado y el guión fue adaptado sin obviar la moraleja que el escritor imprimió a su obra.

La España profunda en 90 minutos de metraje, con actores magníficos y escenas de calidad notable a pesar de los recursos limitados. Lo cierto es que merece la pena ver esta joya por muchas cuestiones culturales, pero lo divertido y curioso es comparar nuestro cine con el que se hacía en Hollywood en los años 50.

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Aquí una escena de La Laguna Negra: http://www.youtube.com/watch?v=YgV9YiZb09o

Este es un fragmento de El hombre tranquilo (1952) de John Ford: http://www.youtube.com/watch?v=OKHSIpFYLhc

No hay más que echar un vistazo a directores como Howard Hawks, John Ford, Alfred Hitchcock, o Billy Wilder (aunque algunos fuesen europeos, desarrollaron su carrera en Estados Unidos). ¿Quién dice que somos iguales?