Archivos Mensuales: octubre 2013

Por qué ir al cine para ver “Gravity”

Gravity” (2013) es todo un estímulo para los sentidos. Se aleja mucho del estilo con el que identificaba al director Alfonso Cuarón.

Todo en la película es esférico, una metáfora de la propia vida que se desarrolla en una apertura incesante de círculos. La trama principal habla de la supervivencia, de la capacidad del ser humano para salir adelante en cualquier circunstancia, y esta transcurre en el lugar en el que se dan las peores condiciones para un humano: donde no existe la gravedad, el sonido no se propaga, la oscilación térmica es descomunal y, sobre todo, donde no hay oxígeno. El espacio infinito como trampa mortal.

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La genial combinación de planos (generales de situación, primerísimos planos, planos subjetivos…) otorga un poderío audiovisual que quita el aliento. Y es que, los movimientos de cámara hacen que la perspectiva sea tan amplia y tan cerrada a un tiempo (como el propio espacio) que es imposible no trasladarse a la piel de los personajes y abstraerse por completo.

Tenía dos críticas que, tras una reflexión posterior, he tenido que desmontar. En primer lugar, no confiaba en que una cinta como esta fuese protagonizada por dos caras tan conocidas y con tantos personajes a sus espaldas (Sandra Bullock y George Clooney). La segunda, la intrahistoria de la protagonista, Ryan Stone: un melodrama de manual que desata la parte emotiva de la película. Tengo que reconocer que Sandra Bullock está fantástica y que durante la proyección se me olvidó que se trata de la archiconocida y simpática actriz de acción. Sus rasgos dejan de ser suyos y son los de la astronauta que lucha por sobrevivir. Sin embargo, la subtrama que deja entrever cómo era su vida no me convenció. No obstante, como apuntaba antes, después de reflexionarlo tengo que reconocer que es necesaria para dar sentido a la psicología del personaje y al leit motiv de toda la película aunque, quizá, narrarlo a nivel manifiesto le haya restado fuerza.

Es obligado acudir al cine, porque la sala es una prolongación del espacio. Perderse un producto audiovisual tan potente en la gran pantalla será motivo de arrepentimiento para aquellos que queráis ver la película.