Archivos Mensuales: abril 2014

Lo que pasa después de leer “LOLITO”

ImagenLolito es una novela de Ben Brooks, un escritor de su tiempo que se adelanta a los tiempos (insultantemente joven incluso para alguien joven). No lo voy a negar, lo compré porque admiro al autor y porque no me pude resistir a la edición tan preciosista de Blackie Books.

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Empecé a leerlo en la playa y lo terminé deprisa. Es imposible dejar la carrerilla una vez empezado. De hecho, mi compañero de piso lo vio en el salón, le llamó la atención, lo abrió y ahora lo tiene él en la playa (curiosa tradición la de este libro paseando por el litoral español). Pero no voy a comentar el estilo narrativo de Ben Brooks, ni las implicaciones psicológicas y sociales que esconde la trama (aparentemente ligera), ni desgranar el comportamiento ni el arco de transformación del protagonista. No.

El caso es que, una vez terminada la historia que narra Etgar (el protagonista), me entraron unas ganas terribles de conocer la versión de los hechos de Macy (Humbert Humbert si hacemos una extraña analogía). Etgar es un adolescente y todo lo que sucede a su alrededor lo transmite con la inocencia y la crueldad que marcan ese salto demencial de la niñez a la edad adulta. Por eso, si fuese Macy quien nos contara la historia, todo sería diametralmente opuesto aunque en esencia el problema fuese el mismo. Ella es adulta, así que tiene que asumir las consecuencias de sus decisiones y responsabilizarse de ellas, ocurra lo que ocurra. Él es demasiado joven y solo le queda la culpabilidad y aprender del error, haga lo que haga será siempre la víctima.

Ser lo que quieres ser, elegir y decidir, decir SÍ o NO. En definitiva las consecuencias de ser y estar por uno mismo. Es lo que se aprende del ensayo-error en el que se supone que consiste la juventud. Y digo se supone porque mucho me temo que nada cambia en esencia cuando se llega a la edad adulta.

Crecer es una verdadera putada. Y lo firmo dos minutos antes de mi cumpleaños.

 

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El descubrimiento feliz de la semana

Esta semana he conocido el trabajo de Oleg Oprisco y me he enamorado sin remedio. Sus fotografías son puro realismo mágico, aunque también me recuerdan a los libros que leía de pequeña; de hecho es como si hubiese visto en estas imágenes un montón de escenas que ya había imaginado antes. Supongo que la realidad es así, ese lugar extraño en el que se hace auténtica magia.

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Así se presenta este genio:

Soy un fotógrafo de bellas artes y cada una de mis fotos es una escena de la vida real. Esa es laperfecta fuente de inspiración para mí, ya que hay suficiente belleza en nuestra vida cotidiana.Tal vez, lo que me inspira es lo que veo en el camino al trabajo. Observar el mundo que me rodea, inspira mi siguiente fotografía. Por supuesto, son mis propios cambios los que añado a la realidad, tales como personajes, decorados, la ubicación y la luz  De cualquier forma, estoy constantemente involucrado en la búsqueda de inspiración e ideas.  Oleg Oprisco

(Vía http://www.culturainquieta.com)

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Bizarradas Vol.I: El tutú

Algunos libros pasan por tu vida sin hacer ruido, entonces piensas que has escogido muy mal y los olvidas. Al cabo de poco tiempo no te acuerdas de casi nada. De esos no hablamos, porque no merece la pena. En el lado opuesto, están aquellos libros que, gusten o no, no pueden olvidarse. Entre ellos se encuentra El tutú que,  si no puede olvidarse, es porque es tan absolutamente descabellado, que el surrealismo en el que te has sumergido durante la lectura no desaparece nunca del todo. El título que apunto hoy es absolutamente genial por muchos motivos y, sobre todo, una ruptura completa con el tipo de literatura al que el público general está acostumbrado.

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El tutú. Costumbres de fin de siglo.  (Le tutu, Princesa Safo, 1891).

Es el libro más hilarante que he leído nunca. Original, arriesgado, atrevido, escatológico, irónico…Una completa locura y lo que es más impactante: ¡Escrito a finales del siglo XIX! La época de la que data y el hecho de que el autor sea desconocido (Princesa Safo es el pseudónimo), suponen un valor añadido al aura bizarra que envuelve esta obra. El editor francés León Genonceaux, el que se atrevió a editarla, tuvo que huir perseguido por la justicia. Porque es una crítica feroz a las costumbres de la clase media alta francesa, porque tira por tierra cualquier convención social y ridiculiza hasta el extremo a la burguesía de la época. Lo más curioso es que por la estructura, la temática y la trama, podría ser perfectamente una novela escrita en nuestros días. Por problemas con la censura, la justicia y los delitos cometidos por el editor, El tutú se retiró del mercado y acabó en un cajón cerrado. Gracias a la editorial Balckie Books podemos disfrutarlo en todo su esplendor, con prólogo de Juan Goytisolo y una edición preciosa. Recomendadísimo para aquellos que no tengan prejuicios con la lectura en particular y con la vida en general, porque se van a reír de lo lindo.


El próximo libro que recomendaré en el Vol. II de Bizarradas será El único final feliz para una historia de amor es un accidente. (J.P. Cuenca, 2012).

Después de Spike Jonze y Wes Anderson, llegó la obsesión

Hace solo una semana salí maravillada del cine después de ver El gran Hotel BudapestLa película me dejó tan contenta, tan obsesionada con las propias obsesiones de Wes Anderson, que volví a verla solo cuatro días después. Esa segunda vez la chica que vende palomitas en los cines me regaló un cartel de otro películón que también ha trastornado mis sentidos, Her.  Entonces caí en la cuenta de que me sucede algo parecido al “Síndrome de Stendhal” con algunas películas y que últimamente los colores rosas, rojos, violetas y azules llaman poderosamente mi atención.

El gran Hotel Budapest, delicia…

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Por supuesto tengo que aludir también a las ilustraciones de Lyona Ivanova que son geniales y, curiosamente, (casi) todo son rosas y azules. No me pueden gustar más.

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Así que ahora el universo ha cambiado un poquito.

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Baratometrajes 2.0. Reflexiones sobre el cine made in Spain

El jueves pasado estuve en Ámbito Cultural de Callao en el ciclo “Protagonistas de la Cultura” en el que cuatro productores todoterreno contaron en primera persona cuál es la situación del cine español, cómo es la aventura de hacer una película y qué opinan de la industria. Moderados por Begoña Minguito, a la mesa se sentaron Tina Olivares, Borja Echevarría, Jorge Naranjo y Daniel San Román. Todos ellos han escrito, dirigido y producido algún largo (aparte de cortometrajes, videoclips, guiones para series de TV…) y todos a su vez tienen una presencia notable en el documental Baratometrajes 2.0 (Dani San Román lo produce y dirige junto a Hugo Serra). 

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Después de escucharles hablar, una chica del público aludió a que la charla había girado más en torno al dinero que a la cultura o el arte. Quizá tuviera razón, pero lo cierto es que cada uno de los invitados estaba allí en calidad de productor y es una función que ha recaído en todos como una obligación, dado que sus películas no han sido subvencionadas de ninguna manera.

Yo defiendo con uñas y dientes el cine hecho en España, pero me enfada el “cine español”. ¿Parece lo mismo? No lo es. El cine que se está haciendo en España poco o nada tiene que ver con la trasnochada imagen que proyectan las películas que sí llegan al público generalista, que tienen dinero público y privado o que obedecen al gusto de los empresarios de Tele5 o Intereconomía por ejemplo… Recupero en este punto las palabras del blog CeComunica de Cutfilms sobre Almodóvar:

“Porque a Almodóvar sí le otorgan gustosamente todas las subvenciones públicas, cuando no solo no le hacen falta, sino que podría solicitar financiación privada y ningún empresario se negaría a dársela.”

Esta idea que expuso el genial Borja Echevarría en el coloquio, explica un poco por qué siento cierta aversión al director manchego. En mi opinión su cine tuvo mucho sentido y sobradas razones para ser venerado cuando en España hacía falta ese tipo de transgresión y subversión. Películas mal hechas pero que transpiraban una frescura espontánea y eran un revulsivo a la mentalidad cerril de toda una generación. Ahora Almodóvar se ha convertido en una caricatura de sí mismo, en un pretendido y pretencioso “genio” que, desde mi punto de vista, se quedó a las puertas de serlo. Salvo alguna excepción, sus personajes adolecen de un aire trasnochado y de una vulgaridad tan buscada y estudiada, que no consiguen ser creíbles. El chovinismo gratuito encumbra a este director en lo más alto del cine patrio, qué pena. Y es que, la mayoría de los jóvenes y muchos mayores están hartos de clichés sobre España y demandan otra cosa en la gran pantalla. Puede que ese aspecto “sucio” de nuestro país sea lo que tanto gusta en el extranjero pero mucho me temo que hablar del “universo Almodóvar” es hacerlo de unos estereotipos superados por nuestra generación gracias a Dios, pero muy exóticos para los americanos, por ejemplo. No obstante, negar que tiene talento sería faltar a la verdad. La dirección artística es sublime en sus películas y el gusto estético es genial por rebasar el límite de lo kitsch. Pero lo siento, ver a Penélope Cruz (una de las actrices más sobrevaloradas de la historia, todo sea dicho) haciendo pis no es transgresor, ni simbólico, ni innovador. Solo es vulgar.

Pero vuelvo al tema central, la mayor parte del talento en nuestro país se está moviendo fuera de los cauces tradicionales de distribución. Esto quiere decir que muchos realizadores ni siquiera intentan colocar sus películas en los canales habituales porque saben que es imposible que en España alguien apueste por algo diferente. El caso del cortometraje ya es un tema aparte, tan ninguneado que incluso en la Gala de los Premios Goya se permitieron hacer un chiste fácil cuando llegó la hora de premiarlo ¡¡Y eso que la única representación española que hubo este año en los Oscar fue la del corto Aquel no era yo!! La grata sorpresa ha sido que la maravillosa Stockholm llegara a las salas, que tuviera presencia en los Goya y que el DVD se agote continuamente en numerosos puntos de venta. Eso sí es una proeza en cuanto a labor de producción se refiere. Como las que llevan a cabo los outsiders del cine español, esos a los que podemos escuchar y conocer en Baratometrajes 2.0, algunos de los cuales se sentaron a contarnos su experiencia en Ámbito Cultural el pasado jueves.

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Todos coinciden en que embarcarse a hacer una película sabiendo que todos los procesos van a recaer en una sola persona es una locura, todos dicen que no volverían a hacerlo de forma tan impulsiva pero todos saben que el cine es su pasión, y que las pasiones no se eligen. Yo apuesto por ellos, por los que de verdad están innovando en cuanto a líneas argumentales, tramas y técnicas narrativas, los que están haciendo cine calidad con pocos recursos, los que están apartados y excluidos (voluntaria o involuntariamente) de las salas.

El documental Baratometrajes 2.0 profundiza en los creadores independientes, las producciones al margen de la industria en España, los canales de distribución que ofrecen nuevas posibilidades y que satisfacen la demanda de un público nuevo, digital, acostumbrado a buscar nuevos contenidos en la red. Por eso Baratometrajes 2.0 también habla de futuro, intenta trazar las líneas del camino que seguirá el cine a partir de las reflexiones de sus protagonistas, los cineastas. Este viernes 4 de Abril se estrena en varias plataformas a la vez y durante los días 4, 5 y 6 se puede ver en la Cineteca del Matadero de Madrid en pantalla grande. Si tienen la oportunidad, no se lo pierdan. Les puedo asegurar que es absolutamente inspirador.

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