Sublimación de la gravedad: “Interestelar”

Después de haber visto (y disfrutado) la trilogía de Batman de Christopher Nolan, ves el trailer de Interstellar (2014) y se te hace la boca agua.  Y con razón. En mi caso, que soy muy fan de El Caballero Oscuro (2008) y del trabajo de Nolan con el superhéroe, fui al cine sin dejarme influir ni por las críticas que la tachaban de impresionante, ni por las que decían que se trataba de una versión light de 2001: Odisea en el espacio (1968), la película de Kubrick contada para tontos es la cita textual de alguien. En cambio, la vorágine de comentarios que hubo en las redes sociales después de su estreno sí me hizo pensar que no se trataba de una cinta de usar y tirar. Y no me equivocaba.

El contexto: Un planeta Tierra ambientado en una época anacrónica, en un futuro apocalíptico, en el que  la vida humana peligra en La Tierra. Pero no se trata de un escenario manido con constantes lugares comunes sobre grandes catástrofes, en realidad es un mundo sucio, en el que se requieren agricultores y granjeros porque escasea la comida, porque el suelo se rebela contra el hombre y le ataca con continuas tormentas de polvo y arena y cosechas perdidas. La ingeniería y la cuantificación técnica no están valoradas, no son necesarias y, en esta regresión del ser humano, nos encontramos al protagonista, un Matthew MacConaughey inmenso.

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El ex ingeniero de la NASA que se convierte en agricultor: Esta es la historia de cómo un actor que pasaba sin pena ni gloria por un sinfín de películas horteras se acaba convirtiendo en uno de los que más respeto nos merecen. MacConaughey es EL ACTOR del momento y si te dejó out con True Detective (2014), después de ver Interstelar solo vas a querer aplaudirle. Ahora es un granjero que cultiva cereal, consciente de la dificultad de la supervivencia pero obsesionado con la ciencia. En otro tiempo trabajó para la NASA y, cuando descubre las coordenadas del lugar en el que la organización trabaja clandestinamente, cruza el umbral para no volver a salir nunca. Se embarca en la misión de viajar a otra galaxia en busca de un posible planeta habitable para los hombres, con la esperanza de que sus hijos puedan salvarse del fin del mundo. Entonces comienza una aventura espacial, ciencia ficción en su estado más salvaje, que toca la teoría de cuerdas y la percepción del espacio tiempo en un acercamiento a la física cuántica que provoca una reflexión en corrientes circulares (sí, como la canción de Los Planetas).

Lo cierto es que el final no me gustó demasiado, pero por escoger un cierre azucarado no voy a tirar por tierra toda la película, porque la disfruté. Mucho. Cada secuencia, con la música elevándose para dejar paso a  silencios aplastantes, como la gravedad. Así que si me preguntan diré aquello de “tienes que verla” porque, te guste o no, es una de las imprescindibles del año.

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