Archivos Mensuales: octubre 2015

Divagación prescindible #2. La generación del reciclaje.

Ultimamente he pensado mucho en los rasgos distintivos de mi generación y siempre llego a un paraje desolador. Los niños de los 80 y de los 90, los adolescentes del 2000, los jóvenes que no terminan de ser adultos, adultescentes, los que estamos acostumbrados a ir a peor, los que no viviremos mejor que nuestros padres a pesar de estar infinitamente más formados que ellos.

Esos, nosotros, los eternos becarios, los que masificamos las universidades creyendo que estudiar nos aseguraba un proyecto de vida, los que supimos que “recesión” era un eufemismo cuando acabamos la carrera, los que vimos cómo llamarlo “crisis” solo sirvió para agravarla. Los que lo hemos tenido todo y lo hemos perdido con los años. Los que vemos cómo las mejores mentes de nuestra generación no son destruidas por la locura como dijo Ginsberg, sino que trabajan en un Burguer King. Los que hemos aprendido a reinventarnos en tiempo récord para tener un trabajo. Los que hemos cobrado más en negro que en blanco, los que hemos salido de casa con pesetas y hemos vuelto con euros, las víctimas de Facebook y de Infojobs, los emprendedores por imperativo gubernamental.

Entré en la Facultad de Periodismo creyendo que mi profesión sería la de periodista. Desde que terminé de estudiar he sido tantas cosas como me han pedido que fuera, me he adaptado a lo que se necesitaba porque no había posibilidad de ser nada más. Desde que terminé de estudiar me he “reciclado” tantas veces que ya no sé cuál es mi materia original. Ojalá fuese solo cosa mía, por inquieta. El problema es que somos toda una generación “reciclada”. Reciclamos sueños, promesas, expectativas y proyectos vitales. Una y otra vez.

Recupero aquí la reflexión que hice con el artículo de Play Ground “Mi generación hace cosas muy raras”. Salud.

“Mi generación es extraña.
Somos extraños. Queremos ser Amelie esnifando farlopa (en el mejor de los casos) en un retrete. Queremos ser Audrey Hepburn conduciendo un Delorean. Estamos perdidos, embebidos en la red y a la vez ávidos de hacernos cortes en los dedos pasando las hojas de los libros de Nietzsche, anhelando épocas que añoramos pero que no hemos vivido. Escuchamos a los Death Kennedys en SpotiFy en nuestra tablet y reducimos el amor a emoticonos estúpidos que enviamos por whatsapp.
Y es que en el fondo peleamos por ser nosotros mismos en un mundo superconectado y supercompetitivo, en el que el “yo” se antepone a cualquier otra cosa, excepto a la colectividad de una tribu urbana y digital. En el fondo pasamos de hamburguesas y queremos comer lo que comían nuestros bisabuelos aunque lo hagamos subiendo una foto a Instagram.
En el fondo queremos salvarnos de la falta de fe en lo inmaterial y de la llegada de los extraterrestres.

Sí, en el fondo mi generación es estúpida y rara y fascinante.”

la foto copia 12

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