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Divagación prescindible #2. La generación del reciclaje.

Ultimamente he pensado mucho en los rasgos distintivos de mi generación y siempre llego a un paraje desolador. Los niños de los 80 y de los 90, los adolescentes del 2000, los jóvenes que no terminan de ser adultos, adultescentes, los que estamos acostumbrados a ir a peor, los que no viviremos mejor que nuestros padres a pesar de estar infinitamente más formados que ellos.

Esos, nosotros, los eternos becarios, los que masificamos las universidades creyendo que estudiar nos aseguraba un proyecto de vida, los que supimos que “recesión” era un eufemismo cuando acabamos la carrera, los que vimos cómo llamarlo “crisis” solo sirvió para agravarla. Los que lo hemos tenido todo y lo hemos perdido con los años. Los que vemos cómo las mejores mentes de nuestra generación no son destruidas por la locura como dijo Ginsberg, sino que trabajan en un Burguer King. Los que hemos aprendido a reinventarnos en tiempo récord para tener un trabajo. Los que hemos cobrado más en negro que en blanco, los que hemos salido de casa con pesetas y hemos vuelto con euros, las víctimas de Facebook y de Infojobs, los emprendedores por imperativo gubernamental.

Entré en la Facultad de Periodismo creyendo que mi profesión sería la de periodista. Qué ingenua. Desde que terminé de estudiar he sido tantas cosas como me han pedido que fuera, me he adaptado a lo que se necesitaba porque no había posibilidad de ser nada más. Desde que terminé de estudiar me he “reciclado” tantas veces que ya no sé cuál es mi materia original. Ojalá fuese solo cosa mía, por inquieta. El problema es que somos toda una generación “reciclada”. Reciclamos sueños, promesas, expectativas y proyectos vitales. Una y otra vez.

Recupero aquí la reflexión que hice con el artículo de Play Ground “Mi generación hace cosas muy raras”. Salud.

“Mi generación es extraña.
Somos extraños. Queremos ser Amelie esnifando farlopa (en el mejor de los casos) en un retrete. Queremos ser Audrey Hepburn conduciendo un Delorean. Estamos perdidos, embebidos en la red y a la vez ávidos de hacernos cortes en los dedos pasando las hojas de los libros de Nietzsche, anhelando épocas que añoramos pero que no hemos vivido. Escuchamos a los Death Kennedys en SpotiFy en nuestra tablet y reducimos el amor a emoticonos estúpidos que enviamos por whatsapp.
Y es que en el fondo peleamos por ser nosotros mismos en un mundo superconectado y supercompetitivo, en el que el “yo” se antepone a cualquier otra cosa, excepto a la colectividad de una tribu urbana y digital. En el fondo pasamos de hamburguesas y queremos comer lo que comían nuestros bisabuelos aunque lo hagamos subiendo una foto a Instagram.
En el fondo queremos salvarnos de la falta de fe en lo inmaterial y de la llegada de los extraterrestres.

Sí, en el fondo mi generación es estúpida y rara y fascinante.”

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Solo es posible avanzar cuando se mira lejos

Regeneración: 

1. f. Acción y efecto de regenerar.

2. f. Biol. Reconstrucción que hace un organismo vivo por sí mismo de sus partes perdidas o dañadas.

El término regeneración entendido desde el punto de vista intelectual, es un concepto positivo que se refiere a la modernización y culturización de la sociedad. La Generación del 14 hizo suya esta palabra, con todas las connotaciones culturales que implica. Fue un revulsivo a la España analfeta y atrasada que se situaba a la cola de Europa, como dijo Ortega y Gasset impulsor y miembro destacado de este movimiento, “Europa es la solución y España es el problema”.

ImagenCuadro que ilustra una tertulia literaria de la Generación del 14 en el Café Pombo.

Todo lo que fue la Generación del 14, desde el punto de vista literario, científico, artístico, político y cultural, está recogido en la Exposición que acoge la Biblioteca Nacional hasta el mes de Junio. ¿Y qué sucede cuando la visitas? Que prácticamente todo lo que escuchas y lees te hace pensar que en 100 años hemos aprendido muy poco. O nada. Algunas palabras pronunciadas por Ortega y Gasset a principios del siglo XX tienen tanta actualidad, tanta vigencia hoy en día, que uno sufre una especie de vergüenza, una sensación de vértigo y confusión generacional.

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Ahora que el analfabetismo es funcional estamos necesitados de una nueva ola de creadores a todos los niveles. No porque no haya talento entre “nuestras filas”, el problema está en la gestión de ese talento. Si no se promueve la participación en el ámbito cultural, si no se destinan esfuerzos para que se desarrollen nuevas ideas, si no se proporcionan plataformas para dar salida a esas nuevas ideas, entonces un país se vuelve miserable. Y esto es un toque de atención a políticos y empresarios, que son los que están haciendo de España un lugar miserable, en el que la crisis se enraíza hasta lo más profundo de nuestros cimientos. Va mucho más allá de la economía, toca la conciencia, la sensibilidad social, las inquietudes y los valores más elementales; está afectando a todo aquello que, de una forma u otra, nos hace libres.

Pero todo esto ya lo anticiparon aquellos que formaron la Generación del 14 y eso fue a principios del siglo XX, justo antes de que una guerra se llevara por delante a la mayoría de los intelectuales de nuestro país. ¿Cómo va a terminar esto?

Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos. José Ortega y Gasset

“La utilidad de lo inútil”

Hace justamente una semana, me hice con La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2013) un ensayo en el que se defiende la NECESIDAD, con mayúsculas, de formar a las personas en el Humanismo. En una sociedad que tiende cada vez más hacia el utilitarismo y el mercantilismo extremo, hay que recordar la importancia del verdadero conocimiento y de los procesos creativos como fines en sí mismos.  Pretender que toda actividad que llevamos a cabo nos reporte un beneficio ulterior es deshumanizador.

El autor es Nuccio Ordine y quiero compartir esta entrevista que encontré acerca de su libro en el blog “Lecturas Sumergidas“.  Aún no lo he leído, puede que empiece esta noche, pero de momento ha conseguido que me sienta menos pesimista (antropológicamente hablando).

Entrevista a Nuccio Ordine: http://lecturassumergidas.com/2014/01/26/nuccio-ordine-la-cultura-es-peligrosa-para-la-clase-politica/

Cuando los ciudadanos sufren el maltrato constante por parte de sus gobernantes y no entienden la importancia de su papel en el engranaje del sistema democrático, aparecen grietas hondas e insalvables. Si la sociedad, soberana, no es consciente de que el auténtico poder está en sus manos, si no entiende de política ni quiere hacerlo, si los medios solo aumentan la confusión y la desafección por lo público entre los ciudadanos, entonces sí, el pueblo tiene al gobernante que merece.

Porque ha votado sin un verdadero conocimiento de las posibilidades y los programas políticos, sin una reflexión profunda, sin el sentimiento de responsabilidad que debería pesar sobre todo aquel que introduce un voto en una urna. Y lo que es peor, la clase política aprovecha este analfabetismo funcional para actuar de la forma menos ética posible. Para sentarse en el Congreso hay que amar la política, tener espíritu de entrega y trabajo, asumiendo que miles de ciudadanos han depositado su confianza en ti. Hacen falta filántropos y eruditos en los escaños y es precisamente de lo que más carecemos.

Hoy es más necesario que nunca que los Medios de Comunicación lleven a cabo la responsabilidad social más importante y la que da sentido a la profesión de cualquier periodista o comunicador: Elaborar la información para ponerla al servicio del pueblo, llevar a cabo una verdadera educación política del ciudadano haciendo que se implique en “lo público” del o que inevitablemente forma parte. Es más, los periodistas de hoy deberían erigirse como baluartes del cambio hacia una democracia realmente participativa. Esa que existe pero que no vemos, la que se puede aplicar pero no sabemos cómo.

Quiero incidir además en una idea: Hablar de democracia participativa de forma supraideológica, porque ser demócrata está por encima de ideologías y partidos políticos. Hablamos aquí de la estructura, una vez entendida esa estructura viene todo lo demás.

Y ahora son los periodistas, los que de forma supraideológica, deben estar ahí para enseñar el por qué y el cómo…

Experimento de democracia digital participativa